RPA y agentes de IA resuelven problemas distintos que a menudo se presentan como competidores. Elegir mal inflan costes y expectativas a partes iguales.
RPA: determinismo sobre interfaces
Un robot RPA ejecuta una secuencia definida de pasos sobre aplicaciones: abrir, rellenar, copiar, pulsar. No entiende nada; ejecuta. Su fortaleza es la consistencia: los mismos pasos, siempre igual, sin cansancio. Su debilidad es la fragilidad ante el cambio: si la interfaz cambia, el robot se rompe. Brilla en procesos estables, reglas fijas y sistemas sin API.
Agentes de IA: flexibilidad con supervisión
Un agente combina un modelo de lenguaje con herramientas y cierto margen de decisión: puede leer una solicitud, decidir qué pasos aplican, consultar sistemas y proponer una acción. Aporta valor donde las entradas varían y hay que interpretar. A cambio, introduce no determinismo: el mismo caso puede producir propuestas distintas, y por eso su uso en procesos de empresa exige barandillas —reglas que validan, límites a lo que puede hacer, revisión humana en lo sensible—.
Criterio de elección
- Pasos fijos sobre sistemas sin API y reglas que no cambian: RPA.
- Entradas variables que hay que interpretar (correos, documentos, solicitudes libres): IA, con reglas alrededor.
- Proceso mixto —interpretar y luego ejecutar pasos fijos—: lo habitual. La IA decide la ruta; el RPA o las APIs ejecutan los pasos.
- Decisiones críticas: nunca delegadas exclusivamente en un agente. El agente propone; reglas y personas disponen.