Desde que la IA generativa está de moda, existe la tentación de resolverlo todo con un modelo. Y la tentación contraria: prohibirla por miedo. El criterio útil es más sencillo de lo que parece.
Reglas deterministas: cuando el proceso debe ser predecible
Si la decisión tiene reglas conocidas —si el importe supera X, requiere aprobación de Y; si el cliente es de tipo A, el plazo es Z—, la respuesta es código y reglas explícitas. Son auditables, versionables, deterministas y baratas de mantener. Que un modelo de lenguaje «acierte» la misma decisión el 99% de las veces no compensa perder el 1% de previsibilidad en algo que debe ser exacto.
IA: cuando la entrada hay que interpretarla
Si la dificultad está en leer y entender —un correo escrito de mil formas, un documento con formato variable, una solicitud donde hay que detectar la intención—, ahí la IA aporta algo que las reglas no pueden: manejar la variabilidad del lenguaje y de los documentos.
La combinación correcta
IA propone, reglas disponen
- La IA convierte lo desordenado en una propuesta estructurada.
- Las reglas comprueban la propuesta contra el negocio: límites, coherencias, permisos.
- Las decisiones críticas nunca dependen exclusivamente de un modelo: o las valida una regla determinista, o las confirma una persona.
Este principio —no dejar decisiones críticas solo en manos de un LLM— no es conservadurismo técnico: es lo que permite auditar, explicar y corregir un sistema cuando algo sale mal. Y algo sale mal en todos los sistemas.