El ERP es el sistema de registro: allí viven los datos que tienen que estar bien. Por eso conectar cualquier componente de IA con un ERP exige más cuidado que conectarla con una hoja de cálculo. No se trata de que la IA «entre en el ERP», sino de que los datos que produce entren con las mismas garantías que si los tecleara una persona —o mejores—.
Vías de integración, de más a menos preferible
- 01API del ERP: la vía limpia cuando existe. El sistema de IA o el proceso intermedio crea o actualiza registros llamando a la API, con autenticación y control de errores.
- 02Intercambio de ficheros: muchos ERPs aceptan importaciones estructuradas (CSV, XML). Menos elegante, perfectamente válido: se genera el fichero en el formato que el ERP ya entiende.
- 03RPA supervisado: cuando no hay API ni importación viable, un robot opera la interfaz como lo haría una persona, con acciones acotadas y registro de cada paso.
- 04Registro asistido: si nada de lo anterior es razonable, la IA prepara el dato y una persona lo registra. Menos ahorro, mismo control.
Las garantías que sí o sí deben existir
- Validación previa al registro: los datos propuestos se comprueban contra reglas del negocio antes de entrar al ERP.
- Trazabilidad completa: cada registro lleva el origen del dato (documento, extracción, persona que lo confirmó).
- Manejo de errores: si la API falla o el fichero se rechaza, el caso queda en cola visible, no se pierde en un log.
- Entorno de pruebas: la integración se valida contra un ERP de pruebas antes de tocar producción.
Dónde entra la IA en este cuadro
IA documental hacia el ERP
La IA produce propuestas de datos; el ERP recibe datos validados. Entre medias está la capa —reglas, validaciones, revisión humana cuando toca— que convierte una sugerencia en un registro fiable. Esa capa es el proyecto real; el modelo es la parte fácil.